CÓMO AYUDAR A UNA PERSONA QUE LUCHA CON LA HOMOSEXUALIDAD

Homosexualidad hace referencia a una persona que se siente atraída por otras personas de su mismo sexo. Esta definición es importante porque significa que, por ejemplo, un hombre amanerado o una mujer que disfruta realizando “actividades masculinas” no se consideran homosexuales si no existe una atracción por su mismo sexo.

Entendemos la homosexualidad como un déficit en la seguridad de género de la persona, es decir, se siente poco masculino (o femenina) y en su interior tiene un impulso por restaurar este déficit por medio de las relaciones del mismo sexo u homosexuales.

La persona puede estar o no consciente de esta inseguridad de género, pero su conflicto es real y debe prestarle atención.

Mientras que no existe evidencia científica sólida que respalde causas genéticas o biológicas, sí existe abundante evidencia que señala factores sociales y emocionales en el desarrollo de la persona.

En el interior del homosexual hay una batalla constante. Ya existen suficientes voces que anuncian la condenación de los actos homosexuales. Recuerde que la persona no eligió estos sentimientos y mientras no encuentre verdaderas respuestas en Cristo, las exigencias de santidad le parecerán crueles y condenatorias. Recuerde también que el pecado de la homosexualidad no es más grave que los demás pecados.

Dios no trabaja así. No es Su plan quitar nuestras necesidades sino que debemos atenderlas de la manera correcta: a través de relaciones sanas, íntimas y no sexuales con otros, mientras conocemos el amor y la gracia que Jesucristo tiene para nuestras vidas.

La homosexualidad es una cuestión de identidad arraigada en una profunda inseguridad de género: desde una edad muy temprana la persona se ha sentido excluida y rechazada por su propio género dejando un vacío allí donde se debió fortalecer una identidad como hombre o como mujer. Como consecuencia se siente poco identificado/a con su género y se considera inadecuado/a como hombre o mujer.

La homosexualidad no es una situación simple y no es posible identificar un único factor determinante para el vacío de género, sin embargo, se deben evaluar en consejería algunas circunstancias como: falta de alguno de los padres, incapacidad para vincularse con el padre del mismo sexo, desequilibrio en la relación de los padres, baja autoestima, abuso sexual, entre otros.

La Biblia es enfática en señalar los actos homosexuales como algo fuera del diseño de Dios. Sin embargo, guarda silencio sobre las personas que experimentan sentimientos de atracción hacia el mismo sexo. Dios no nos condena por estos sentimientos, pero sí nos hace responsables por lo que hacemos con nuestros sentimientos.

¿Significa esto que debo negar o ignorar mis sentimientos en mi caminar cristiano? ¡No! Dios nos dio sentimientos y emociones con el propósito de hacer nuestras vidas más plenas. Debemos reconocer la atracción hacia el mismo sexo como una señal de alerta que indica que hay problemas en nuestro interior, heridas no sanadas, conflictos sin resolver, emociones atascadas, y un hambre de conectar profundamente con nuestro propio género, de ser aceptados, afirmados y amados por otras personas.

Si la homosexualidad es producida por una carencia de amor del mismo sexo, por una inseguridad sobre la propia identidad de género, entonces hay esperanza.

La persona siente que necesita vincularse sexual o románticamente con una persona de su mismo sexo, pero lo que en realidad necesita es recibir amor, aceptación y afirmación a través de relaciones de amistad sanas, al tiempo que Jesús trabaja sanando sus heridas internas.

Algunas recomendaciones para enfrentar la homosexualidad de una manera diferente:

  • El primer paso es reconocer la realidad del conflicto interno, identificar los sentimientos incómodos y nuestros intentos fallidos para manejarlos, ocultarlos o suprimirlos. Para eso necesitamos un espacio libre de juicio y condenación para confesar nuestra lucha y ser libres de la vergüenza y el autodesprecio.
  • Diferenciar tentación de pecado. Jesús fue tentado en todo, pero nunca pecó. La tentación de homosexualidad es tan fuerte que muchas personas se sienten condenadas y avergonzadas por sus sentimientos. Debemos recordar esta diferencia.
  • Permanecer en el evangelio de Jesucristo: Jesús, el Hijo de Dios, pagó por nuestros pecados y culpas en la cruz para que nosotros podamos vivir de una manera que agrada a Dios. Él ha provisto el perdón, la limpieza y la transformación. Nuestra tarea es buscarle, reconocerle como Señor de nuestra vida y seguirle.
  • No aislarse. La persona debe establecer profundas relaciones interpersonales con otras personas de su propio género, de una manera sana y santa. Experimentar amor y aceptación por personas de su mismo sexo es un factor crítico en su sanidad.
  • No busque soluciones equivocadas. La homosexualidad es una dificultad interna para relacionarse con su mismo género, por lo tanto la solución no está en el noviazgo, matrimonio ni relación sexual con el sexo opuesto.
  • Recuerde que nuestra tarea no es juzgar sino mostrar el amor de Cristo y hacer discípulos de Él. ¿Quién puede juzgar a otra persona por tener hambre de amor? Somos el cuerpo de Cristo, sus brazos, sus pies y su voz.